En la actualidad se han endurecido las reglas a la hora de prescribir opiáceos para tratar el dolor crónico. Tal y como aseguran los investigadores, “este estudio muestra que existen personas que sufren dolor crónico de forma legítima”. “Los proveedores de salud no deben suponer que una persona que aparece en su consulta quejándose de dolor está tratando de obtener una prescripción de opiáceos”, afirman. “Debemos recordar que el dolor es un problema legítimo y generalizado”, añaden.

Según ha explicado Hanna Grol-Prokopczyk, autora principal del estudio, “no contamos con buenos tratamientos para el dolor crónico. Si se quiere restringir el uso de los opioides por los efectos adversos que provocan, es aún más importante buscar otras opciones de tratamiento”.

Cerca de 10 millones de americanos sufren dolor crónico, según asegura el estudio. Un estudio del Institute of Medicine Report publicado en 2011 reconocía que el dolor crónico afecta a más persona y conlleva unos costes más altos que las enfermedades cardiovasculares, el cáncer o la diabetes.

La investigación dirigida por Grol-Prokopczyk es la primera que va más allá de la presencia o ausencia del dolor crónico y se centra en las características de los pacientes para conocer el grado de afectación de esta patología. Los resultados mostraron, según la autora principal, que las personas con niveles educativos más bajos padecían un dolor crónico más severo.

Las personas con menor educación son un 80% más propensos a experimentar dolor crónico que las personas con niveles más altos, reitera la investigadora. La autora concluye que es necesaria una investigación más amplia para entender las diferencias en la prevalencia de esta enfermedad.