Furst también señaló que es aconsejable someter al paciente a exámenes rectales y del ano. Según el experto, la esclerodermia puede afectar al intestino medio y provocar síntomas a los que hay que prestar atención, como náuseas, vómitos, pérdida del apetito y ardor de estómago. El científico explica que, en estos casos, la enfermedad se puede complicar en el intestino delgado.

“Las bacterias del colon pueden moverse hasta invadir el intestino delgado, lo que produce la inflamación de este”, señala el experto. Furst afirma que la esclerodermia puede afectar también al intestino grueso, en cuyo caso el paciente manifestará hinchazón abdominal, diarrea, estreñimiento y, si la enfermedad se agudiza, incontinencia intestinal, algo que suele dañar al paciente también psicológicamente.

El experto señala que la elección de fármacos de motilidad a usar varía según el área afectada. La eritromicina y la metoclopramida son recomendadas para tratar el tracto digestivo alto, mientras que, si el problema reside en el tracto digestivo bajo, Furst recomienda administrar Tegaserod®. La esclerodermia es una enfermedad común entre la población joven que incluso afecta a los niños.

Los niños con esclerodermia localizada se curan; después de algún tiempo incluso la piel endurecida puede ablandarse y recobrar un aspecto normal. La curación de la esclerosis sistémica, sin embargo, es mucho menos probable, aunque sí puede existir una marcada mejoría o al menos una estabilización de la enfermedad.