“Hasta ahora, la ingesta de fructosa se asociaba a la gota y la hiperuricemia”, recuerda Lisa K. Stamp, autora principal del estudio, cuyo objetivo era “determinar las tasas de malabsorción de fructosa y sus efectos en las concentraciones séricas de urato de pacientes con y sin gota”. Para ello, Stamp y su equipo analizaron los datos de un centenar de pacientes gotosos.

Todos ellos, emparejados según género y edad con un control sano, se sometieron a una dieta baja en fructosa. La malabsorción de la misma se midió mediante una prueba de aliento de hidrógeno y metano con una carga de 35 gramos de fructosa. Así mismo, se midió la respuesta de urato sérico hasta los 240 minutos de experimento, en un subgrupo de 35 casos -de los cuales un 95% recibía alopurinol- y 35 controles.

Los casos de gota presentaron una media de concentración acumulativa de urato en suero significativamente inferior a los controles, respecto a la línea base a 240 minutos. La ratio de malabsorción de fructosa entre los pacientes de gota resultó del 48%, mientras que entre los controles alcanzaba el 52%, de manera que “la diferencia no podía considerarse significativa”, concluye la experta del departamento de Reumatología.