En este estudio de abril de 2017, se llegó a la conclusión de que los pacientes con psoriasis asociada a artritis psoriásica necesitaban una atención especial y un tratamiento y posterior seguimiento de la enfermedad más personalizado.

Se desarrolló un análisis que contrastaba el fenotipo, el perfil terapéutico, las comorbilidades y la incidencia de acontecimientos adversos, entre ellos: trastornos psiquiátricos, enfermedades malignas, las infestaciones y las infecciones en los pacientes que sufrían psoriasis sin y con artritis psoriásica.

El registro Biobadaderm es el que se usó para incluir a una cohorte de pacientes psoriásicos que recibían un tratamiento sistémico. A esta cohorte, se la dividió en 2 grupos y se les realizó un seguimiento exhaustivo. Por un lado, estaban los pacientes con psoriasis sin artritis en el momento de la inclusión, y por otro, los pacientes con las 2 enfermedades. Luego, se calcularon tasas de incidencia en el tratamiento.

En el estudio se incluyeron 2.010 pacientes, de los cuales: 1.871 (88%) tenían psoriasis sin artritis y 249 (12%) presentaban psoriasis y artritis. Al año, se seguían 5.020 pacientes en el grupo de psoriasis y 762 pacientes-año en el de atritis psoriásica.

Aquellos que padecían atritis psoriásica tenían:

  1. Un mayor número de comorbilidades, sobre todo hipertensión y enfermedad hepática.
  2. Eran sometidos a más tratamientos sistémicos, especialmente fármacos anti-TNFα o tratamientos combinados.
  3. Tuvieron más infecciones e infestaciones sin relación a las comorbilidades o tratamientos anteriores o derivados de la enfermedad actual.