El estudio, publicado en el American Journal of Ophthalmology, se basa en los casos de 16 pacientes de retinopatía autoinmune tratados con rituximab por vía intravenosa, cuya evolución clínica fue seguida a lo largo de entre 7 y 34 meses. Tras el tratamiento, el 14% de los ojos experimentó una mejoría en la agudeza visual, el 63% se mantuvo estable y el 23% empeoró.

Así mismo, la tasa media de disminución visual mejoró de las 0,032 unidades LogMAR/mes, antes de iniciar el suministro de rituximab, a 0,005 unidades LogMar/mes en los 6 meses siguientes al tratamiento. Los autores, Farzin Forooghian e Ian M. MacDonald, no registraron cambios en los campos visuales, el grosor medio de los subcampos centrales y el volumen macular total.

“Este estudio añade pruebas adicionales de que el rituximab es una terapia eficaz para una enfermedad rara, difícil de diagnosticar y tratar”, concluyen los autores. No obstante, admiten, “aunque los resultados pueden ser estadísticamente significativos, las ganancias de agudeza visual son modestas”. Por eso, aún es necesario determinar si los beneficios justifican el uso de rituximab para tratar la retinopatía autoinmune.

En este sentido, los propios autores han señalado en un editorial las limitaciones de su trabajo; entre ellas:

  1. Su naturaleza retrospectiva.
  2. La duración variable del seguimiento.
  3. El tratamiento de los pacientes se produjo en diferentes etapas de la enfermedad.
  4. No se tuvieron en cuenta las complicaciones raras secundarias al rituximab; asociado, anteriormente, a efectos adversos graves y potencialmente mortales.