Inicialmente, los investigadores buscaban desarrollar un inhibidor más efectivo que los existentes para la molécula TRPV4. Esta molécula es la encargada de transmitir la irritación provocada por quemaduras del sol y las sensaciones dolorosas procedentes de la cabeza y de la cara, además de ser clave para el desarrollo de la osteoartritis.

Al probar diversas versiones de inhibidores, descubrieron que el compuesto 16-8 era altamente efectivo y que también funcionaba contra células participativas en lesiones de células nerviosas, derrames cerebrales y epilepsia. El estudio fue más lejos y descubrió que el compuesto también inhibía la molécula TRPA1, relacionada con el dolor y el picor.

Además, el estudio utilizó el compuesto 16-8 para aliviar un dolor abdominal en ratones, causado por una inflamación del páncreas. De esta forma, los investigadores concluyeron que un fármaco basado en este compuesto tendría el potencial de tratar múltiples tipos de dolor, desde el simple dolor de cara o cabeza, hasta la osteoartritis o el provocado por lesiones de las células nerviosas.