La artritis psoriásica y la espondilitis anquilosante tienen una prevalencia del 0,3 y el 1,9% de la población, respectivamente. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) estas dos enfermedades reumáticas son la primera causa de discapacidad física en Occidente. Estos pacientes tienen un retraso medio de diagnóstico de unos 5-7 años, y son remitidos tarde al especialista.

La artritis psoriásica y la espondilitis anquilosante son cuadros inflamatorios. Esto quiere decir que los síntomas articulares, ya sean en columna o en esqueleto periférico, predominan en las horas de reposo nocturno.

Tal y como ha reconocido Xavier Juanola, jefe de sección del Servicio de Reumatología del Hospital Universitario de Bellvitge, este medicamento es “prácticamente la única novedad destacada que se ha producido en el tratamiento de la artritis psoriásica y la espondilitis anquilosante en los últimos 15 años, por lo que supone un gran avance por su eficacia y seguridad”.

Este reumatólogo reitera que, “a pesar de tratarse de enfermedades complejas con múltiples manifestaciones, que incluyen entesitis o dactilitis, el tratamiento ha demostrado una eficacia muy importante, cosa que era más difícil de conseguir con los fármacos que había hasta ahora”.

José Luis López Estebaranz, jefe de servicio de Dermatología del Hospital Universitario Fundación Alcorcón, ha explicado que la psoriasis afecta principal pero no exclusivamente a la piel por lo que puede aparecer también en las articulaciones. Sin embargo, el diagnóstico de la espondilitis anquilosante suele hacerse en etapas más avanzadas. El número de afectados con esta patología puede llegar a los 1,5 millones en Europa y 500.000 en España.