Entre el 10 y el 15% de los ancianos operados de la cadera vuelve a caminar, mientras que un 20% pierde la capacidad de deambular dentro y fuera de casa, según asegura en una nota de prensa la Clínica IMQ Zorrotzaurre. Tal y como señala la clínica, la fractura de cadera en el anciano supone un trastorno severo para sus vidas.

Pese a que la edad puede suponer un riesgo en los ancianos operados de la cadera, desde la clínica insisten en que “una fractura de cadera en un paciente mayor debe operarse. El resultado no va ser peor que el no hacerlo. De hecho, está constatado que el retraso quirúrgico en este tipo de pacientes es un factor que eleva el riesgo de mortalidad”.

Antón Arrien, traumatólogo de la Clínica IMQ Zorrotzaurre, ha explicado que el abordaje quirúrgico de las fracturas de cadera conlleva un riesgo y unas complicaciones. Según los datos que maneja la clínica, un 5% de los ancianos operados de cadera fallece en el propio hospital. En cuanto a las complicaciones, estas influyen directamente en una mayor mortalidad.

“Por un lado tenemos, obviamente, el factor de la edad: cuanto mayor se es, mayor es el riesgo inherente de someterse a una intervención quirúrgica”, ha explicado Arrien. “Por el otro, tenemos también una mayor mortalidad en personas mayores con un grado de dependencia de moderado a grave”.

Este especialista ha recordado que el paciente anciano operado de la cadera también se enfrenta a los efectos del postoperatorio. “El ámbito hospitalario”, ha continuado, “exacerba los efectos de los procesos agudos y los cambios cognitivos con relación a la edad”. Según este experto, “esta demostrado que el síndrome confusional agudo está relacionado con una mayor mortalidad en estos casos”.

En este sentido, el traumatólogo de IMQ apuesta por dar a los ancianos operados de la cadera un tratamiento multidisciplinar que “identifique de forma rápida y completa la situación de cada paciente”. A su juicio también es importante un correcto manejo del paciente una vez operado. “En el postoperatorio hay que prestar atención al dolor del anciano, a los cuidados de su herida quirúrgica, a su correcta movilización e implementar una correcta profilaxis de los tromboembolismos venosos”.