El equipo, dirigido por el profesor del departamento de Ingeniería Biomédica, Kyriacos Athanasiou, cultivó condrocitos humanos en un dispositivo especialmente diseñado para que las células del futuro cartílago artificial pudiesen autoensamblarse.

Una vez unida, la matriz de proteínas se estira ligeramente, para permanecer en tensión durante varios días e irse solidificando hasta conformar el cartílago sintético. “A medida que la ternilla artificial se estiraba, se volvía más rígida”, corrobora Jerry Hu, coautor del estudio, en una nota de prensa.

“Creíamos que el cartílago artificial era resistente a la compresión, pero bajo tensión también tiene grandes capacidades”, explica el ingeniero sobre esta novedosa mezcla de glicoproteínas y colágeno. Experimentos paralelos con ratones han demostrado que el cartílago artificial cultivado en laboratorio también es capaz de sobrevivir en un entorno fisiológico.

El siguiente paso, según Hu, será implantar el cartílago artificial en una articulación que soporte cierta carga, “para comprobar si el tejido es duradero bajo estrés”.  Por su parte, Athanasiou ha celebrado que, gracias a este estudio “se ha podido diseñar un tejido con las mismas características de tracción y compresión que el tejido nativo”.

Este cartílago artificial, “resuelve el complejo problema de hacer que los tejidos de laboratorios sean tan fuertes y resistentes como los naturales”, sobre todo a la hora de soportar grandes cargas como es el caso de las articulaciones de la rodilla o la cadera, concluyen.