Tal como publica la revista Chinese Journal of Traumatology, el fallecido, de 1,76 metros de altura y un peso de 78 libras, presentaba una herida superficial de 1 centímetro de largo en los tejidos blandos del cuero cabelludo. Durante la disección de la cavidad craneal, se detectó también una fractura occipital izquierda que se extendía hasta la base del cráneo.

Al practircar la intervención, los forenses observaron un bajo grosor cortical que, sin embargo, no respondía a ningún proceso patológico relacionado con el adelgazamiento óseo. Para medir el espesor exacto de la bóveda craneal, los forenses utilizaron los 8 puntos anatómicos estandarizados para el sexo masculino y un calibrador:

  1. En el punto A el grosor era de 4,45 mm cuando el valor medio estándar es de 6,50 mm.
  2. En el punto B se hallaron 4,90 mm frente a los 7 mm habituales.
  3. En el punto C midieron 4,50 mm frente a 7 mm.
  4. En el punto D midieron 1,32 mm frente a 5,96 mm.
  5. En el punto E midieron 1,45 mm frente a 5,86 mm.
  6. En el punto F midieron 3,21 mm mientras que los valores normales medios en los hombres van desde los 5,50 a los 6,80 mm.
  7. En el punto G midieron 4,81 mm aunque los rangos normales se sitúan entre los 6,50 mm.
  8. En el punto H midieron 5,92 mm aunque la media usual es de entre 11,10 y 12,70 mm.

Estas cifras confirman la desviación significativa de los espesores de la bóveda craneal en comparación con los valores de medios normales, por lo que, el bajo grosor cortical fue tomado en cuenta como una variable de influencia en el mecanismo de las fracturas de cráneo.

“El grosor del cráneo influye en las respuestas dinámicas de la cabeza durante el impacto directo”, explica Pavlos Pavlidis, autor principal del estudio. “Cuanto más grueso es el cráneo, menor es la energía es absorbida, lo que conduce a deformación del cráneo más leve”.

El caso concreto de este paciente refuerza la máxima de que “el riesgo de lesiones es inversamente proporcional a espesor cortical, ya que “en el presente estudio de caso, el bajo grosor de la bóveda craneal fue un factor clave para la etiología de la fractura”.