“La recuperación tras una restauración biológica con tejido donado suele ser más larga que la sustitución tradicional de la articulación por una pieza de plástico o metal; sin embargo, cuando el injerto biológico es exitoso, garantiza una vuelta completa a la actividad que, de otra manera, no sería posible”, explica el cirujano ortopédico en una nota de prensa de la universidad.

El pretratamiento clásico que recibe la articulación antes de ser trasplantada consiste en lavar el hueso del donante hasta eliminar cualquier rastro de médula ósea. Una vez llevada a cabo la intervención, el hueso del receptor debe empezar a crecer en la estructura del donante; un proceso crítico durante los 6 primero meses que puede llegar a tardar un año en completarse y en el que el hueso puede no llega a cicatrizar correctamente.

Según Cook, el concentrado de aspirado de médula ósea podría mejorar y acelerar este paso. El método propuesto consistiría en procesar la médula ósea del paciente receptor hasta obtener un concentrado de células y proteínas autólogas. El BMC resultante se utiliza para saturar el hueso del donante antes de ser implantado. Según los datos del estudio, que publica el American Journal of Sports Medicine, a las 6 semanas, las piezas pretratadas lograron una reintegración ósea del 43% en comparación con el 25% logrado por los injertos sin BMC. 

A los 3 meses de la intervención, el porcentaje de reintegración de los injertos pretratados con concentrado de médula ósea ascendió al 67%, mientras las piezas no tratadas llegaron a un 50%. Medio año después de la cirugía, los huesos donados saturados de médula ósea autóloga del paciente se habían integrado en más de un 84%, mientras el resto se quedó en un 74%. “Los datos muestran que los injertos trataros ofrecen una mejor reintegración ósea”, sentencia Cook.

“El uso de BMC ya está aprobado por la Food and Drug Administration (FDA) para las terapias de curación ósea, pero nunca se ha utilizado para procedimientos de restauración biológica de las articulaciones”, recuerda el cirujano. Aunque tiene sus limitaciones, “este es el primer estudio clínico que examina, directamente, los efectos de la BMC en la integración ósea quirúrgica de restauración biológica articular”, asegura.

El siguiente paso para Cook y su equipo será comprobar si estos resultados positivos son extensibles a otras articulaciones, como la cadera, los hombros y los tobillos. Sobre la posibilidad de implementar la BMC en los centros sanitarios, el cirujano recuerda que “se trata de un procedimiento que cubren la mayoría de las pólizas de seguros”. Mientras el coste del reemplazo biológico puede llegar a alcanzar los 100.00 dólares según el grado de complejidad, el coste de la BMC sería de unos 1.000 dólares.