El prototipo, financiado por MIT Media Lab Consortia, funciona mediante retroalimentación sensorial: utiliza los injertos de músculo para conectar los tendones y nervios que aún conserve el paciente con la extremidad ortopédica. Según explican los autores, Hugh Herr y Shriya Srinivasan, en una nota de prensa de la universidad, el método ya ha sido probado en un estudio en ratas.

Tal como recoge la revista Science Robotics, los roedores llegaron a mostrar reacciones sensoriales gracias al injerto muscular, por lo que pronto se ensayará la prótesis en humanos. En este proceso se involucrará el propio Herr, amputado a los 17 años por debajo de la rodilla y, actualmente, un reputado especialista en ortopedia robótica. En el caso concreto de un ser humano, las incisiones de la cirugía serían aproximadamente de 1,5 x 4 centímetros.

“Estamos hablando de una notable mejora en la atención al paciente”, asegura el diseñador de prótesis, ya que, “actualmente no existe ningún método neuronal válido para que el paciente amputado controle la propiopercepción y las fuerzas aplicadas a la prótesis”, argumenta.

Al carecer de injerto muscular, estos pacientes “se ven obligados a seguir visualmente sus manos, porque ni el muñón ni la prótesis envía al cerebro ninguna señal espacial”, explica Srinivasan.

Por su parte, el profesor asociado de Cirugía Ortopédica en la Universidad de California, Rickard Branemark, ha calificado el trabajo como una “idea brillante”. En la misma nota de prensa, Branemark concluye que, “si esta combinación de prótesis robótica e injerto muscular lograse ser aplicada en humanos, los riesgos serían limitados y, el beneficio potencial, enorme”.