“El latarjet artroscópico consiste en realizar una extensión de la superficie articular de la glenoides, zona donde desliza el humero, utilizando la coracoides, de forma que este no pueda luxarse”, explica el traumatólogo jefe de la Unidad de Miembro Superior, Gonzalo Samitier.

“La gran versatilidad y posibilidades de la cirugía artroscópica hacen que, en la actualidad, prácticamente no haya problema de inestabilidad que no podamos solucionar con garantías”, sentencia el experto en cirugía de hombro y rodilla. Aun así, el latarjet artroscópico ha aportado mayor seguridad, menor tiempo de recuperación y la garantía de un mejor resultado.

La mayoría de los pacientes pueden volver a realizar actividades cotidianas pasados 3 o 4 meses desde la cirugía con latarjet artroscópico, mientras los deportistas o trabajadores físicos no suelen necesitar más de 5 u 8 meses. A pesar de estos grandes avances, Samitier señala “la revolución biológica”, como el siguiente paso de progreso en su campo.   

“Está a la vuelta de la esquina y no tardaremos en obtener evidencia de cómo y qué productos derivados de la sangre o de células pueden ayudarnos a mejorar, aún más, el potencial de curación de estas lesiones, con o sin intervención”, argumenta el experto.