Según han recogido los autores, Ana María Espinoza Ugarte de la Clínica Alemana de Santiago de Chile y Carlos Bollini del Instituto Argentino de Diagnóstico y Tratamiento de Buenos Aires, en la última década han sido reportados por informes médicos y compañías de seguros 23 casos de isquemia neurológica tras este tipo de operación, 6 de ellos “con resultados catastróficos”.

Aunque es “probable que la aparición de complicaciones neurológicas sea multifactorial” los investigadores resaltan la importancia de que el equipo quirúrgico “comprenda las limitaciones de la técnica” y tenga presente que “sentar a un paciente anestesiado no es del todo inocuo”.

Según la dolencia traumatológica que se trate y la propia comodidad del cirujano durante la intervención, la PSP puede variar la inclinación de la mesa quirúrgica entre los 30 y los 90 º. La diferente angulación produce una serie de cambios hemodinámicos que, si bien se compensan en los pacientes sin anestesia general (AG), pueden agravarse en los que permanecen sedados.

El sistema nervioso simpático compensa de forma inmediata las variaciones en los individuos despiertos, de manera que el aumento de la resistencia vascular sistémica y el incremento de la frecuencia cardiaca anulan la caída del 20% en la presión arterial y del 15% en la presión de perfusión cerebral (PPC).

Sin embargo, los pacientes bajo el efecto de AG encuentran inhibido su sistema nervioso simpático. Al no poder generar una respuesta y ante la disminución del retorno venoso secundario a la vasodilatación generada por los fármacos, se produce en ellos un sobregasto cardiaco.

La pregunta que se plantea el estudio es por qué se reportan casos de isquemia si la PA es un parámetro que se monitoriza permanentemente a través de manguitos durante el periodo intraoperatorio. Los investigadores han concluido que se debe a la ubicación de los dispositivos de medición.

Estos se colocan normalmente en el brazo o la pantorrilla para no obstruir la lectura de la oximetría pero, dado que el paciente está sentado, la distancia entre el aparato y el cerebro del paciente es suficiente para que se produzca una diferencia de presión y la lectura no sirva para medir la PPC. En decúbito lateral la distancia vertical entre brazo, tobillo y cerebro no es tan pronunciada.

Por todo ello, el estudio sugiere ángulos de posición de menos de 45 º para los pacientes y aconseja hacer una corrección en las mediciones procurando obtenerlas en la parte más cercana al cerebro.