Durante el exámen, una serie de electrodos registraron y midieron los impulsos eléctricos generados por el cerebro mientras los participantes escuchaban sonidos hablados, previamente grabados por los propios científicos. A partir de estas señales, los autores fueron capaces de identificar correctamente un patrón distintivo en 18 de los 20 pacientes contusionados (90%) y en 19 de los 20 participantes sanos (95%).

Tal como publica la revista Nature, los pacientes que habían sufrido conmociones presentaban un promedio de respuesta neuronal un 35% menor que el otro grupo. Aunque una de las limitaciones del estudio es que la capacidad de interpretación y procesamiento de los sonidos, no se midió antes de los traumatismos, sí se pudo comprobar cómo, a medida que los jóvenes se recuperaban de las lesiones, su capacidad auditiva mejoraba.

“Dar sentido al sonido que se recibe requiere que el cerebro lleve a cabo uno de los trabajos computacionales más complejos que es capaz de hacer”, sentencia la autora principal, Nina Kraus, por eso, “no es sorprendente que un golpe en la cabeza interrumpa una maquinaria tan delicada”, asume la profesora de la School of Communication y directora del Auditory Neuroscience Laboratory.

“Con este nuevo biomarcador logramos medir el estado por defecto del cerebro para procesar el sonido y cómo eso cambia como resultado de una lesión en la cabeza”, reitera la experta del departamento de Otorrinolaringología de la NU, “es algo que los pacientes no pueden fingir; no pueden equivocarse al hablar sobre los síntomas”, explica.

“Nuestra esperanza es que este nuevo biomarcador pueda ahorrar tiempo en el diagnóstico y tratamiento de la conmoción cerebral”, sentencia Kraus. Sin embargo, el equipo se ha encontrado con algunos obstáculos para trasladar su prueba diagnóstica a la práctica clínica, por ejemplo, el tamaño de la máquina de electroencefalogramas o el elevado coste y dificultad de los procesos de interpretación de los resultados.

Frente a esta situación, Kraus y su equipo se han propuesto conseguir “un sistema objetivo y fiable en una plataforma portátil, fácil de usar, fácil de conseguir”, dice, “tanto por los médicos como por los propios padres o entrenadores de atletas”. Para ello, la directora de la investigación ya planea reclutar nuevos participantes para un nuevo estudio con una muestra mayor.

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