El paper, presentado el pasado 10 de febrero en la reunión anual de la Association of Academic Physiatrists, celebrada en Las Vegas, recuerda que, solo en Estados Unidos, más de 630.000 niños y adolescentes son atendidos cada año por un traumatismo cerebral y, sin embargo, “ciertos indicadores de recuperación como los genes o el entorno, y la interacción entre ambos, siguen sin estar claros”.

Tras 2 décadas de estudio en este campo, los investigadores han concluido que los pacientes con lesiones de leves a moderadas tienen una tendencia 2 veces superior a desarrollar problemas de atención que el resto de sujetos pediátricos. Además, aquellos con lesiones graves tienen 5 veces más posibilidades de desarrollar un trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) secundario al traumatismo.

No obstante, “los niños con lesión cerebral traumática grave en entornos óptimos pueden tener pocos efectos de sus lesiones, mientras que, los niños con lesiones más leves de hogares desfavorecidos o caóticos, a menudo demuestran problemas persistentes”, explican los autores en una nota de prensa del centro sanitario.

Por eso, concluyen, “la respuesta temprana de una familia puede ser particularmente importante para los resultados a largo plazo”, de modo que “trabajar para promover la crianza efectiva puede ser una intervención temprana importante”, sugieren. Esta práctica podría evitar el deterioro de habilidades que, a largo plazo, afectarían al funcionamiento social, tales como la inhibición o la velocidad de procesamiento de la información.

A partir de estos hallazgos, los investigadores médicos han desarrollado una serie de intervenciones para mejorar los resultados cognitivos y de comportamiento después de una lesión cerebral pediátrica. Entre ellos, se encuentra un programa online que proporciona información “centrada en la familia, en la resolución de problemas, la comunicación y la autorregulación”, indican.

Redes cerebrales y entrenamiento aeróbico

Durante la reunión, el Cincinnati Children's ha introducido un segundo trabajo, aún por publicar, sobre la posible recuperación de la conectividad estructural de las redes cerebrales después de un entrenamiento aeróbico y un próximo proyecto sobre el papel genético en la lesión, en el que se analizará el ADN a partir de muestras de saliva de más de 300 pacientes pediátricos.

“El resultado primario será el funcionamiento global a los 3, 6 y 12 meses después de la lesión, y los resultados secundarios incluirá una evaluación exhaustiva del funcionamiento cognitivo y conductual a los 12 meses del accidente”, especifican de cara a la puesta en marcha de este proyecto.