Según informa la organización, en la investigación han participado más de 500 pacientes de ambos sexos sometidos a cirugía de reconstrucción del LCA mediante autoinjerto de tendones entre septiembre y diciembre de 2012. Los pacientes pudieron volver a la actividad deportiva entre 6 y 12 meses después de la cirugía, siempre y cuando no tuvieran dolor, mantuvieran una fuerza equitativa en el cuádriceps y los tendones y hubieran pasado la rehabilitación.

De acuerdo con el autor del trabajo, Duong Nguyen, el estudio reveló que las mujeres de menos de 25 años con un injerto de 8 mm o menos tenían más posibilidades de repetir el desgarro del LCA tras la reconstrucción. Basándose en este dato, el profesor de la Universidad McMaster de Toronto apunta que los cirujanos deben utilizar injertos más largos y/o desarrollar estrategias de rehabilitación específicas para reducir el riesgo de que ocurra un nuevo desgarro.

Los investigadores consideran necesario realizar más estudios para determinar las causas exactas que hacen que unas personas sean más propensas a reproducir este tipo de lesiones. Además de la edad, las diferencias anatómicas, el nivel de estrógenos o la fuerza reducida de la rodilla pueden ser factores de riesgo.