El trabajo buscaba identificar y analizar dichas lesiones, con el objetivo final de intentar prevenirlas. Para ello, se realizó un cuestionario-entrevista a 64 gimnastas de unos 12 años de media, 38 kilos de peso y 1,47 cm de altura. Todas habían entrenado durante más de 3 años; la mayoría competía a nivel autonómico y un pequeño porcentaje (9,6%) a nivel nacional.

En el marco del estudio, se valoró el tiempo de práctica de gimnasia rítmica y las características del entrenamiento, así como las lesiones sufridas, teniendo en cuenta variables como la localización de la lesión, la severidad y tipología de este, el mecanismo de producción y el momento en el que tuvo lugar.

En total, se registraron 50 lesiones, todas durante el entrenamiento, y especialmente durante el calentamiento (50%). En el 42% de los casos, la región afectada fue la espalda, seguida en incidencia por el tobillo (16% de los casos). Las lesiones más frecuentes fueron las contracturas musculares (48%), los esguinces (20%), las tendinopatías (16%) y las roturas o microrroturas fibrilares (6%). Casi en la mitad de las ocasiones (44%), la sobrecarga era la causa de la lesión; el 30% de las lesiones eran consecuencia de un mal apoyo.

Tras analizar los datos, los investigadores apuntan la necesidad de que las gimnastas realicen un calentamiento más completo, con una fase general que sirva de preparación para la actividad que se va a realizar y una fase específica de control postural. Asimismo, animan a tratar con rapidez las lesiones leves para evitar que se transformen en graves con el tiempo.