Tal como publica la revista Journal of Bone & Joint Surgery, el estudio incluyó los datos de 15.264 pacientes que se sometieron a 8.917 reemplazos articulares totales de cadera y 8.477 reemplazos de rodilla entre los años 2000 y 2014. En el momento de la cirugía un 9% de los sujetos se declararon fumadores habituales, el 34% exfumadores y el 57% sin ningún historial de tabaquismo.

La edad media de los fumadores resultó ser de 58 años, mientras los individuos sin hábito tabáquico sumaban una media de edad de 63 años. Además, entre los fumadores se hallaron altas tasas de enfermedades cardiovasculares y respiratorias.

Tras analizar los resultados, Matthew S. Austin, autor principal del paper concluyó que, pasados 90 días desde la cirugía, el riesgo de complicación infecciosa para los no fumadores era del 0,56% mientras los fumadores actuales alcanzaban el 1,2%.

En este sentido, Austin y su equipo señalan que, por cada paquete diario fumado a lo largo de una década, el riesgo relativo de complicaciones sépticas aumenta un 12%. Por todo ello, sugieren “sería razonable involucrar al paciente en un programa de deshabituación tabáquica antes de someterle a una artroplastia total de la articulación”.

Aunque se necesitan más estudios para determinar la utilidad de esta propuesta, su aplicación podría suponer “la reducción al mínimo de los reingresos hospitalarios no planificados”, lo que, a su vez, “mejoraría la calidad y el valor de la asistencia sanitaria”, justifican, especialmente teniendo en cuenta que solo en Estados Unidos, a lo largo de 2011 se realizaron más de un millón de operaciones de este tipo y se espera que su demanda aumente durante la próxima década.