Shabir Ahmed Dhara, principal autor del estudio, ha reiterado que este tipo de armas no son un método seguro para el control de multitudes. Se cree erróneamente, que los impactos sólo son graves cuando afectan a tejidos sensibles como ojos, pulmones o cerebro. Por ese motivo Dhara y su equipo han preferido centrarse en el estudio de las extremidades, donde generalmente se recomienda disparar.

Para ello, los investigadores han analizado en Cachemira (India) los casos de 28 pacientes con lesiones ortopédicas provocadas por balas de goma que, además, aún se encontraban incrustadas en la herida en el momento del ingreso hospitalario. Todos ellos fueron sometidos a exámenes neurológicos, radiológicos y vasculares.

Los científicos anotaron un total de 8 fracturas, 4 lesiones en los nervios, 3 lesiones en los tendones y 10 laceraciones aisladas. La bala se encontró alojada en los tejidos blandos en 3 ocasiones, mientras en otros 2 pacientes su ubicación era intrarticular, en la rodilla. En cualquier caso, los daños se extiendan varios centímetros alrededor del impacto.

Además de a estos traumatismos, los científicos han recomendado prestar atención a las posibles infecciones derivadas del cuerpo extraño. “Se cree que erróneamente que las extremidades son más resistentes a las lesiones que otras áreas menos viscosas y a la policía se le instruye para que dispare a los miembros inferiores, pero no son más que mitos”, lamenta Dhara en el paper.

Las balas de goma “tienen una velocidad de propulsión de alrededor de 70 metros por segundo y una energía cinética de casi 400 julios; la trasferencia de esta energía puede depender de la distancia, el ángulo o la cantidad de capas de ropa que use el objetivo, pero la precisión milimétrica no existe durante el manejo de estas armas”, recuerda el autor.

La “prueba de la arcilla” establece que, a una distancia de 20 metros, la penetración media de la bala de goma no debería superar los 44 milímetros, sin embargo, y aunque no se produzca traspaso de los tejidos, el umbral del dolor severo se extiende más allá del mínimo de 20 metros.  Por otro lado, esta distancia garantiza una mejor precisión y la menor dispersión de los daños.

“La literatura en relación con el patrón y el tratamiento de estas lesiones es escasa” concluye el científico en el estudio recogido por la revista Chinese Journal of Traumatology. “Las balas de goma están siendo utilizadas en el mundo entero como armas no letales, pero tras nuestro informe somos de la opinión de que deber ser reclasificadas por su capacidad para causar fracturas óseas”.