Cada año, en Estados Unidos, más de 110.000 personas resultan heridas por un arma de fuego y, de estas, más de 30.00 llegan a fallecer a consecuencia de las heridas, pero tanto las tasas de mortalidad, como la media temporal de hospitalización, dependen en gran parte de la unidad que trate al paciente.

Las directrices recomiendan, por ejemplo, que “las heridas por arma de fuego proximales de los codos y las rodillas deben ser tratadas en unidades especializadas en Traumatología”, incluso si eso significa pasar de largo frente a un hospital más cercano, pero no específico para la lesión.

Tal como recoge la revista Archives of Surgery, los autores investigaron los casos de 9.886 pacientes en el condado de Cook, de los cuales el 91% eran hombres, el 76% afroamericanos y el 54% tenía entre 15 y 24 años. Los autores del paper, Allison Lale, Allison Krajewsk y Lee S. Friedman, hallaron que un 29% de las lesiones fueron tratadas en instalaciones no especializadas.

Además, “únicamente” 4.934 pacientes cumplieron con los criterios de clasificación anatómica que evidenciaban la necesidad de un experto. No obstante, el 18% de ellos recibió tratamiento inicial en un centro no adecuado y solo el 10% se dirigió, directamente, al servicio designado según las recomendaciones.

La posibilidad de morir durante la hospitalización resultó ser mayor entre los pacientes tratados en centros de traumatología, pero esto se debe a que “los pacientes llegaron en condiciones sustancialmente peores teniendo en cuenta todas las medidas de gravedad de la lesión”, justifican. Proporcionalmente, el número de pacientes fallecidos en estos centros durante las primeras 24 horas, fue menor.

Por todo ello, el estudio “pone de relieve la necesidad de una mejor coordinación regional, especialmente con las transferencias entre hospitales, así como la importancia de evaluar la distribución de los recursos médicos de emergencia para hacer que el sistema de atención de traumatismos sea más eficaz y equitativo”, concluyen los científicos.