Este protocolo de atención, indicado en el trato de heridos graves, puede llegar a movilizar hasta 7 unidades entre traumatólogos, cirujanos, anestesistas, radiólogos, etc; en una labor sanitaria que supone un gasto de hasta 32.000 euros por paciente.

Xavier González, director del servicio de Cirugía General y Juan José Segura, especialista de Cirugía y Aparato Digestivo, ambos del Hospital Universitario Son Espase (Mallorca), han explorado éstas y otras cifras en torno los traumatizados por precipitación.

Aseguran, por ejemplo, que a los 1,5 millones de euros destinados a la atención inmediata, deben sumarse los gastos de estancia en la Unidad de Cuidados Intensivos, una hospitalización que puede durar entre 8 y 40 días según la gravedad.

Aunque Mallorca es “el mayor foco mundial” de este fenómeno -Son Espase ha atendido en los últimos 5 años a 47 personas heridas tras lanzarse de un balcón-, existen otros puntos calientes como Salou y Lloret (Cataluña) Sunny Beach (Bulgaria) e Ibiza, que también destinan grandes recursos a este tipo de ‘accidentes’.

Los protagonistas de los saltos suelen ser varones de entre 18 y 30 años, según el estudio, que señala como habituales del servicio de Urgencias a los veraneantes extranjeros. En Mallorca, más del 60% de las víctimas son de nacionalidad británica, mientras los rusos predominan en las costas búlgaras.

En ambos casos, los traumatismos por balconing se encuentran directamente asociados a un turismo masificado, de bajo coste y en un 98% al consumo elevado de alcohol. En el 20% de las ocasiones se trata de saltos voluntarios, pero las caídas suelen ser por accidente, por ejemplo, al tratar de llegar a otra habitación desde la ventana.

En definitiva, “el balconing es una consecuencia del alcohol tanto como lo es la cirrosis”, concluye Segura en declaraciones a El Mundo. El experto critica además el carácter de “rito iniciático a la madurez” que ha ido adquiriendo esta peligrosa práctica.