Michael Tanzer y Damiano Pasini, autores principales del estudio que publica la revista Journal of Orthopaedic Research, consideran que “los actuales implantes femorales de reemplazo de cadera están hechos de materiales totalmente sólidos con una rigidez considerablemente mayor que la del hueso”.

Este desajuste mecánico “puede causar una resorción ósea significativa que, a su vez, puede conducir a complicaciones graves, como la fractura periprotésica durante o después de la cirugía de revisión” defiende Pasini.

Además, en estos casos se produce un desajuste en la trasferencia de cargas. “El peso que normalmente recae sobre el fémur acaba siendo absorbido por el implante, que se deteriora más rápido”, explica. A menudo, dicho desgaste hace que la pieza se vuelva dolorosa y deba ser reemplazada.

“Los jóvenes realizan deportes cada vez más arriesgados y viven más tiempo”, añade Tanzer, “eso supone que, a veces, es necesario sustituir caderas por segunda vez; el problema es que, muchas veces, debido al desgaste, simplemente no queda tejido vivo”, lamenta el experto.

Frente a este escenario, los ingenieros proponen “introducir un material completamente poroso de alta resistencia, con propiedades mecánicas ajustables para su uso en el diseño de reemplazos de cadera” y que permitiría prolongar la vida útil de la prótesis.

La microarquitectura del implante se compone de tetraedros ahuecados, “unas formas increíblemente fuertes y rígidas capaces de soportar una gran carga de forma eficiente”, aseguran los creadores, “para hacerse una idea basta pensar en las celosías de las piernas de la Torre Eiffel”, ejemplifica Pasini.

Según sus estudios, el prototipo garantizaría una pérdida ósea un 75% menor en comparación con un implante totalmente sólido. Gracias a estos datos, y “dado que su diseño es totalmente compatible con la tecnología quirúrgica existente”, los autores esperan obtener fácilmente el visto bueno de la Food and Drug Administration.