Philip J. Belmont, coronel retirado, ortopeda y autor del estudio, asegura que “el 80,5% de los transportes aéreos sanitarios militares se produjeron a raíz de lesiones o enfermedades y no como resultado de un combate”.

Tras la revisión de los casos acaecidos durante el despliegue en Irak y Afganistán, concluyó que las patologías más comunes eran las dislocacionesde hombro y rodilla, lesiones del ligamento cruzado anterior, esguinces de tobillo y fascitis planar.

Este tipo de daños “se producen casi 5 veces más a menudo entre soldados que entre la población civil” según Belmont, quien basó parte de su estudio en investigaciones previas. Estas indicaban que el 19% de las tropas requerían la consulta de un especialista.

Un 4% de los pacientes anteriores tuvo que someterse a una cirugía ortopédica; casi siempre en el hombro o la rodilla. Esto puede deberse, según el trabajo de Belmont a las grandes dificultades físicas que conlleva una maniobra militar.

Mientras la tecnología “se ha desarrollado con chalecos antibalas y cascos Kevlar hasta reducir el número de heridas que amenazan la vida de los soldados, estos todavía sufren lesiones ortopédicas devastadoras que requieren un tratamiento extenso”, advierte el excoronel.

Según los hospitales de la Veterans Health Administration (VHA) y su personal de cirugía ortopédica, aproximadamente el 64% de los pacientes con roturas de hueso o lesiones en las articulaciones, quedan incapacitados permanentemente para seguir ejerciendo su oficio.

Evidentemente, también se producen lesiones traumatológicas entre los soldados que entran en combate; aproximadamente 2 de cada 5 miembros del servicio militar se lesiona durante un combate. Sufren fracturas, amputaciones traumáticas y lesiones en la columna vertebral. Casi el 75% de todas esas heridas son causadas por artefactos explosivos.