Los prototipos están fabricados en fosfato de calcio e hidroxiapatita, unos materiales biocompatibles y similares al hueso que podrían permanecer implantados de forma permanente y “evitar así las molestias y los costos asociados a las cirugías de seguimiento, necesarias para otro tipo de implantes”, según exponen sus creadores.

Además de proporcionar una recuperación más rápida, los clavos han sido diseñados con una forma helicoidal que facilita su introducción en el tejido óseo. Gracias a esta estructura “pueden ser martillados más rápidamente y con mucha mayor precisión”, apuntan los ingenieros. De esta forma se reduce la posibilidad de lesionar los tendones durante la introducción.

Una vez colocados en el interior del cuerpo, se integran con el hueso circundante. Así, “aceleran el crecimiento óseo y proporcionan el apoyo estructural necesario sin desintegrarse con el paso del tiempo”. Además, los nuevos tornillos son “especialmente adecuados para la producción en masa, ya que son baratos y pueden fabricarse mediante impresoras 3D, lo que permite diseñar implantes específicos para cada paciente”, aseguran en una nota de prensa.

Todas estas características superan a los materiales poliméricos solubles que, una vez desaparecidos, dejan cavidades vacías en el hueso, provocan inestabilidad en el tejido y, con los años, desembocan en grietas y roturas. Lo mismo sucede con los clavos de titanio que, si bien no desaparecen, sí pueden desencadenar inflamaciones o alergia en pacientes sensibles.

Los tornillos cerámicos, que ya han sido probados en ovejas, se presentarán al público a partir del 14 de noviembre en la próxima Feria Médica de Düsseldorf.