Es la conclusión a la que han llegado varios expertos de la Asociación de Traumatología Ortopédica, el Colegio Americano de Cirugía Traumatológica y otras asociaciones del sector, en colaboración con representantes del Ejército de los EE.UU. Durante la reunión, celebrada en Chicago, han manifestado la necesidad de concienciar a los traumatólogos y formar a la población para socorrer a las víctimas de terrorismo.

Tanto los centros médicos civiles como los de jurisdicción militar “deber estar preparados para eventos similares”, han reclamado los asientes en declaraciones a la revista especializada Trauma Surgery and Acute Care Open. Para ejemplificar el alcance de esta necesidad, los expertos han recordado a los 53 heridos ortopédicos durante la matanza del local gay o los 125 que recibieron atención traumatológica tras la explosión del maratón de Boston.

“La respuesta de colaboración entre los 7 centros de traumatología de Boston no tiene precedentes y es, sin duda, responsable de la mortalidad del 0% entre las víctimas que llegaron al hospital”, argumentan. A pesar de que la mayoría de lesiones -vasculares, óseas y de tejidos blandos, sobre todo en las extremidades inferiores- pudieron resolverse con éxito, “existen áreas identificadas de mejora de las que podemos aprender”, admiten.

La falta de comunicación entre profesionales “parece ser el problema universal en este tipo de desastres civiles” aseguran, aunque también suele producirse “un mal triaje de las víctimas y una distribución deficiente”. Ante estas evidencias, los traumatólogos abogan por “una clasificación inicial en el campo y un modelo de trasporte rápido basado en una estructura de mando dual: un médico en el servicio de urgencias y otro para dirigir el flujo en la sala de operaciones”.

Otros problemas acuciantes son, según el colectivo, el control prehospitalario de la hemorragia intracavitaria o la mejora de los efectos inmediatos de la lesión craneal. Por otro lado “todos quedamos impresionados por la buena disposición de otros civiles a prestar primeros auxilios, aplicando por ejemplo torniquetes improvisados con cinturones y otras prendas…el problema es que no se aplican adecuadamente y lamentablemente no sirven”, señalan.

“Algunos supervivientes de la matanza de Orlando han declarado -en entrevistas a la cadena de televisión CNN- que intentaron proporcionar este tipo de cuidados durante la toma de rehenes” y, según una reciente encuesta, “la inmensa mayoría de los ciudadanos son físicamente capaces de ofrecer ayuda en estos casos y estarían dispuestos a ello”.

Traumatólogos, cirujanos y médicos militares, han recordado durante la reunión que existen varias herramientas de formación ciudadana, como el llamado Consenso de Hartford o la campaña del Consejo Nacional de Seguridad de la Casa Blanca, Stop the bleed, que incluye instrucciones para detener hemorragias. “Si no se toman medidas en este momento, nuestra historia podría convertirse en una gran tragedia”, advierten, “necesitamos una financiación adecuada por parte de las agencias gubernamentales  y la industria privada”.

De forma simultánea al encuentro, la Cámara de Delegados de la Asociación Médica Americana aprobó una resolución para poner fin a la prohibición de la investigación de la violencia armada, reconociéndola así como un problema de salud pública.