Aunque los expertos quieren continuar con la observación a largo plazo, los primeros resultados obtenidos tras la inserción del implante son positivos: los pacientes podrían recuperar movilidad y el músculo subescapular quedaría fijado con una técnica de implante mediante sutura.

Los científicos han abordado las muestras humanas desde una aproximación deltopectoral ordinaria del hombro para dejar expuesto el músculo subscapular y el manguito de los rotadores. La cirugía llega hasta la articulación glenohumeral. La operación conlleva retirar todo el tendón que pasa por la zona afectada de la tuberosidad.

Una vez el subscapular queda liberado, la articulación glenohumeral puede ser desarticulada y se extrae el húmero proximal para poder trabajar sobre él en la mesa. Todo osteofito que afecta a la anatomía nativa es extraído con unas pinzas. La preparación del húmero comienza con un corte en el cuello anatómico.

Entonces, los médicos identifican el canal humeral y realizan un ensanchamiento y perforación que se ajusta hasta lograr una sujeción perfecta de la pieza ortopédica. El tamaño de la broca depende de la medida final del implante humeral que se lleve a cabo. Una vez la pieza está lista para ser insertada se le cargan 6 suturas nanoabsorbibles. Según el tamaño se le pueden incorporar hasta 12.

Los expertos no cuentan con resultados de recuperación de la lesión a largo plazo, igual que pasó en su momento con los estudios de incorporación de las primeras prótesis humerales, que necesitaron un periodo de observación postoperatoria para determinar la capacidad reparadora del método.