Trump está convencido de que las primas de los seguros médicos bajo Obamacare alcanzarán precios desorbitados, lo que llevará a los estadounidenses a darse cuenta de que es necesario otra reforma sanitaria. Los republicanos de la Cámara de Representantes retiraron el viernes su proyecto de ley para derogar y reemplazar Obamacare y cancelaron la votación prevista para ese día, tras constatar que no tenían los votos suficientes para su aprobación.

Los republicanos, que tienen mayoría en las dos Cámaras, estaban divididos sobre su plan para reemplazar Obamacare. El Freedom Caucus (Caucus de la Libertad) de la Cámara Representantes, un grupo formado por una treintena de republicanos conservadores, consideraban que el plan de su partido era un “Obamacare descafeinado”.  Los republicanos conservadores no querían que se mantuviera algunos beneficios básicos de Obamacare, como los alivios fiscales o la prohibición de que las aseguradoras se nieguen a asegurar a alguien porque tiene condiciones médicas preexitentes. Y anunciaron que iban a votar en contra del plan de su partido.

Muchos congresistas también se oponían al plan republicano porque iba a ofrecer menor cobertura sanitaria que el sistema actual. Según un estudio de la Oficina de Presupuestos de Congreso, el nuevo plan de salud haría que hasta 14 millones de estadounidenses perdieran su cobertura médica para 2018 y 24 millones para 2016. Tras el fracaso de Trump y los republicanos para reemplazar Obamacare, la reforma sanitaria de Obama sigue vigente, 7 años después de su aprobación.

Trump ya ha dicho que no habrá otro plan republicano en el futuro próximo para reemplazar Obamacare, una de sus promesas electorales. El presidente, que no logró convencer ni a los suyos de las virtudes del plan republicano, se mostró el viernes “abierto” a trabajar con los demócratas para sacar adelante un nuevo plan de salud si Obamacare es suprimido.

A diferencia de otros países, Estados Unidos no tiene un sistema público que garantice la cobertura sanitaria de todos los ciudadanos. La mayoría de los estadounidenses tienen un seguro médico privado a través de su empleador, aunque existe un sistema público para los más pobres (Medicaid) y para los mayores de 65 años (Medicare).