Puesto que la reacción del cuerpo es distinta en un caso y en otro, los médicos han clasificado el rechazo crónico como una patología distinta desde el punto de vista inmunológico. Este tipo de rechazo es inevitable e imposible de tratar pues, cuando se conoce la disfunción renal, ya es tarde para recibir tratamientos.

Si bien parece lógico que todos los pacientes reciban fármacos inmunosupresores en esos diez años para que queden cubiertos tanto los posibles efectos del paciente de rechazo agudo como los del crónico, estos tratamientos se reducen con el tiempo debido a los efectos tóxicos a largo plazo. De esta forma, quedan expuestos los que finalmente desarrollarán el rechazo crónico tardío.

En la búsqueda de similitudes

Ante este problema, un grupo de científicos del Centro de Investigación Scripps ha realizado un estudio que muestra los mecanismos moleculares que intervienen en el rechazo inmunológico de ambos casos, con el objetivo de conocer sus diferencias y semejanzas.

En el estudio, que se publica en American Journal of Transplantation, se analizaron 234 biopsias de trasplante de riñón mediante una técnica de redes de co-expresión génica. Dichos análisis mostraron que el 80% de los genes expresados en las muestras de rechazo agudo e inmediato eran los mismos que los expresados en las muestras de rechazo crónico, lo que implica que “se trata de la misma enfermedad, ya sea un mes después del trasplante o cinco años después”, tal y como afirma Daniel Salomon, director del Laboratorio de Genómica Funcional de Scripps.

Por otra parte, analizaron el riesgo de rechazo en casos de Fibrosis Intersticial y Atrofia Tubular (IFTA, por sus siglas en inglés), en los que se produce daño renal y cicatrización, así como inflamación. Los resultados revelaron que los genes de IFTA y de rechazo se expresan de forma similar, además de presentar inflamación y lesiones similares, por lo que la presencia de estos síntomas podría alertar de un rechazo irreversible posterior.

Aumentar la prevención

La investigación muestra que una biopsia de vigilancia, realizada de forma periódica, permitiría detectar los signos tempranos de rechazo agudo y crónico, minimizando, así, las probabilidades de rechazo en cualquiera de los casos. Estos perfiles moleculares podrían realizarse incluso mediante un análisis de sangre, lo que facilita el control de la respuesta inmune y la eficacia de la inmunosupresión en cualquier momento.