En opinión de Pizzol, la detección de la disfunción eréctil debe formar parte de la evaluación de rutina de los hombres diabéticos, dada la vasculopatía subyacente y la creciente evidencia de que existe un vínculo directo con la enfermedad cardiovascular. En el estudio, la disfunción eréctil se produjo en el 52,5% de los hombres con diabetes. La tasa fue significativamente mayor entre los pacientes con diabetes tipo 2 (66,3%), en comparación con los diabéticos tipo 1 (37,5%).

En general, tener diabetes se asoció con un riesgo 3,62 veces superior de padecer disfunción eréctil. La hipertensión y tener una edad superior a los 60 años fueron los únicos factores asociados a la disfunción eréctil en diabéticos. No obstante, se observaron otras complicaciones relacionadas con la diabetes, como el control de la glucemia, la hiperlipidemia, el sedentarismo y el tabaquismo.

“El abordaje del problema debe ser multidisciplinario teniendo en cuenta la asociación entre los síntomas depresivos y la disfunción eréctil, especialmente, en pacientes diabéticos. Además de las habilidades y los conocimientos del especialista en enfermedades metabólicas y terapias farmacológicas tradicionales, es necesario el asesoramiento psicosexual y la gestión a través del especialista en Urología y Andrología”, concluye Pizzol.

La disfunción eréctil afecta a 30 millones de hombres en Estados Unidos, según estima el National Institute of Diabetes and Digestive and Kidney Diseases (Niddk). Dicha incidencia aumenta con la edad. Alrededor del 4% de los hombres de más de 50 años y el 17% de los hombres de más de 60 experimentan problemas para lograr una erección. Tal y como señala el Niddk, la incidencia alcanza al 47% de la población en hombres mayores de 75 años.