El estudio muestra que la vigilancia, la cirugía y la radioterapia tienen un resultado similar y tasas muy bajas de muerte por cáncer de próstata. En el caso del tratamiento, se reduce más el riesgo de progresión de la enfermedad en comparación con la mera vigilancia, aunque también hay efectos secundarios asociados más incómodos, sobre todo en el primer año.

Riesgos de padecer cáncer

El tratamiento del cáncer prostático, además, alivia los síntomas del tracto urinario bajo. Es lo que dice un estudio estadounidense publicado en Journal of Urology. Según los investigadores, los pacientes que sometidos a una prostatectomía experimentaron un mayor alivio de los síntomas, incluso después de haber tenido alguna pequeña incontinencia urinaria.

Este tipo de cáncer se ha vinculado en ocasiones con la vasectomía. No obstante, un trabajo de la Sociedad Estadounidense del Cáncer niega la existencia de una relación entre la incidencia o la mortalidad del cáncer de próstata y la vasectomía. Para llevar a cabo el trabajo, los científicos examinaron los datos de los más de 360.000 hombres participantes en el estudio de prevención del cáncer II (CPS-II, por sus siglas en inglés).

El análisis de los datos llevó a los autores a concluir que no ambos factores no están asociados. Lo que sí parece tener vinculación con la mortalidad del cáncer prostático es la raza. Un estudio recogido por Renal & Urology News afirma los hombres de raza negra estadounidenses que viven en grandes ciudades tienen más posibilidades de morir por un cáncer de próstata.

 

De acuerdo con la investigación, la ratio de hombres negros fallecidos por cáncer de próstata en Estados Unidos entre 1990 y 1994 era casi 2 puntos superior a la ratio de los blancos; entre 2005 y 2009, la diferencia aumentó. No se encontró ninguna asociación de las muertes con factores socioeconómicos, como la educación o los ingresos económicos.

Donde sí se ha encontrado relación es entre orinar sentado y la mejora de los síntomas de infecciones urinarias. El Departamento de Urología de la Leiden University Medical Center de Holanda ha confirmado que dicha posición evita también los riesgos de infección y mejora indirectamente la vida sexual. Esta podría mejorar de forma directa gracias a una nueva terapia contra la falta de apetito sexual.

Deseo sexual

Investigadores de la Universidad de Siena (Italia) proponen un tratamiento basado en la exposición a una luz brillante para abordar trastornos de deseo sexual hipoactivos o trastornos de la excitación sexual. El ensayo mostró que los hombres que recibieron la terapia presentaban mayores niveles de testosterona y mejores puntuaciones de satisfacción sexual.

Otra investigación, en este caso de científicos estadounidenses, demuestra que una solución de testosterona al 2% puede mejorar la fatiga y el bajo apetito sexual que padecen con frecuencia los hombres con hipogonadismo. Es la conclusión de una extensión abierta de 6 meses de un estudio doble ciego trimestral en el que participaron más de 500 pacientes.

Más de 14.000 conforman la muestra utilizada en un estudio de la Facultad de Medicina de la Universidad de Stanford (Estados Unidos) en el que se confirma que la nefrectomía parcial se usa cada vez más. Así, esta práctica suponía el 17% de las cirugías realizadas en el Sistema de Salud para Veteranos en 2002; en 2008, la proporción ascendía hasta el 32%, y en 2014 alcanzaba el 38% del total.

 

A nivel general, del total de pacientes estudiados, el 69% había sido sometido a una nefrectomía radical; el resto, había pasado por una nefrectomía parcial. Ese grupo era significativamente más joven. Para los investigadores, los especialistas no apuestan por realizar la extirpación parcial en pacientes más mayores quizás por los riesgos de la intervención o porque consideran que van a tener menos beneficios a largo plazo.

Sí tiene beneficios demostrados a largo plazo la cinta vaginal libre de tensión para tratar la incontinencia urinaria femenina. Investigadores austriacos han evaluado la validez de la técnica 10 años después de la intervención. De las 112 mujeres intervenidas entre 2004 y 2005 en los 2 centros participantes, 55 fueron examinadas clínicamente en el marco de esta investigación.

Los facultativos determinaron que la tasa de curación objetiva fue del 69%; el 22% no se había curado y el 9% había sido sometido a una nueva intervención por incontinencia urinaria persistente o recurrente. Durante el examen clínico, 3 de las pacientes presentaban extrusión de la cinta vaginal. Un 64% hablaron de curación a nivel subjetivo.

Por otro lado, septiembre ha sido el mes de inicio del primer curso de experto universitario en suelo pélvico, tanto femenino como masculino. La Asociación Española de Urología y la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia avalan esta formación, que se tiene lugar en el Hospital Universitario del Henares.

El curso tiene una duración de 350 horas (14 créditos), la mayoría prácticas. El alumno rotará semanalmente por los diferentes servicios (médicos, quirúrgicos y enfermeros) que forman la Unidad de Suelo Pélvico del citado hospital: Urología, Ginecología, Cirugía General y Aparato Digestivo, Enfermería, Rehabilitación, Fisioterapia, Radiología y Anestesiología. La formación teórica se realiza bajo el auspicio de la Universidad Francisco de Vitoria, que cede su aula virtual.