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Sinclair: “No sabemos cómo proteger a los astronautas”

Medicina Aeroespacial

David Sinclaer señala que aún no existe una tecnología que pueda asegurar la salud de los astronautas que se embarcan en misiones espaciales de meses de duración y, menos aún, proteger su bienestar en un hipotético viaje a Marte. Sinclaer, jefe científico de Liberty Biosecurity y experto en Genética en la Harvard Medical School, ha publicado un artículo donde pone en duda que una tripulación humana llegue con vida a Marte.

“Solo hay que reflexionar por un momento sobre el efecto que el Espacio tiene sobre el organismo humano: cáncer, problemas de visión, ceguera, pérdida de la función cardiaca, atrofia muscular, disminución de la resistencia ósea, disminución de la función cognitiva y cambios de conducta. Esto solo pasa en meses, cómo podemos asegurar la salud de alguien que se supone que va a pasar años en este entorno”, escribe Sinclaer.

El experto indica que la radiación espacial, dada su energía y capacidad única para atravesar el ADN humano, es un auténtico peligro para cualquier persona que pase un largo periodo de tiempo en el Espacio. “Es este tipo de radiación la que bombardeará a los astronautas continuamente desde el espacio profundo a medida que se dirijan a Marte. Desafortunadamente para nuestros astronautas, no existe una solución de ingeniería o tecnología que pueda mitigar de manera suficiente esta amenaza”, señala Sinclaer.

El médico subraya que, durante décadas, la NASA ha estudiado el problema de la radiación y ha buscado soluciones. “Si no se controla, la exposición sostenida a la radiación espacial hará que las misiones tripuladas de larga duración más allá de la ionosfera de la Tierra sean peligrosas y, en algunos casos, conduzca a la enfermedad y la muerte”, señala Sinclaer. El experto escribe que fue este desafío el que llevó a la NASA en 2016 a describir la exposición a la radiación espacial como el aspecto más peligroso de viajar a Marte.

Sin avances radicales en la ciencia, los astronautas podrían preguntarse si el riesgo más grande para su esfuerzo está dentro de ellos. Las células que forman sus propios cuerpos son el eslabón más débil en su misión. La ironía no se les escaparía, especialmente cuando se sienten en la cápsula de uno de los cohetes más potentes jamás construido.

¿Podría ser que los más de 6 millones de años de evolución humana que nos han permitido adaptarnos a la vida en la Tierra se interpongan en el camino de nuestra capacidad para explorar con éxito el sistema solar?”, concluye el experto.