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Tabaquismo y genética aumentan cáncer de pulmón en mujeres

Neumología. Cirugía Torácica

Particularidades genéticas, incorporación tardía al hábito tabáquico y demoras en el diagnóstico: son las claves que explican el aumento del cáncer de pulmón entre mujeres. Según investigaciones recientes, a las que hace referencia la Fundación para el Conocimiento de la Comunidad de Madrid, la brecha de género se estrecha cada vez más en la población fumadora, mientras que entre los no fumadores, las mujeres ya superan a los hombres en número de pacientes.

En 2006, la proporción de enfermos de cáncer de pulmón era de una mujer por cada 10 hombres; “ahora son más de la mitad”, asegura la doctora Margarita Majem, oncóloga del Servicio de Oncología Médica del Hospital de la Santa Creu i Santa Pau de Barcelona y vicepresidenta de la Asociación para la Investigación del Cáncer de Pulmón en Mujeres (ICAPEM). Según datos de la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM), entre el año 2000 y el 2014, la cifra de mujeres fallecidas por cáncer de pulmón ha aumentado un 76%.

La incorporación de la mujer al hábito tabáquico se ha producido con un retraso de entre 20 y 30 años con respecto al hombre; por eso “estamos frente a una epidemia similar a la que se vivió en su momento con los varones”, considera la oncóloga. Aunque el cáncer de pulmón sigue siendo la principal causa de muerte por cáncer entre hombres, el hecho de que ellos cada vez fumen menos y ellas lo hagan cada vez más, está cambiando el perfil del paciente habitual.

Las consultas por cáncer de pulmón corresponden ahora a fumadoras o exfumadoras de entre 50 y 60 años, muchas veces con sobreexpresión de la proteína PDL1 que impide al sistema inmunológico luchar contra las células tumorales. La mujer fumadora cuenta con un riesgo añadido ya que los mecanismos femeninos de corrección del ADN son menos eficaces que los masculinos a la hora de reparar los daños de los carcinógenos del tabaco.

Aunque la lucha contra el tabaquismo es necesaria, son las diferencias genéticas las que provocan que las mujeres sean las más afectadas también entre la población no fumadora. La mutación EGFR y la traslocación ALK, ambas asociadas al cáncer de pulmón, son más frecuentes en mujeres no fumadoras que en varones. La más habitual, en el gen EGFR, provoca cáncer de pulmón del tipo no microcítico del subtipo adenocarcinoma. La frecuencia de estas alteraciones en mujeres no fumadoras no excluye la incidencia en varones y fumadores/as.

La genética influye también en la tolerancia a los tratamientos; tanto es así que las mujeres, fumadoras o no, suelen sufrir los efectos secundarios de la quimioterapia con mayor severidad. Por otro lado, la peor reparación del ADN contribuye a que dichas terapias sean más efectivas. A pesar de estos datos genéticos y de consumo, el cáncer de pulmón se ha relacionado tradicionalmente con hombres fumadores y de cierta edad. Es por ello que, muchas veces, los síntomas respiratorios en mujeres y especialmente en las no fumadoras, tardan en ser relacionados con un cáncer.

“Es importante que el diagnóstico no se retrase”, reclama Majem, “y por eso son importantes las campañas formativas para médicos, con el fin de concienciarles del aumento del cáncer de pulmón en mujeres tanto por el tabaco, como por la predisposición genética”. Existe una cuarta diferencia: la psicosocial. “La mujer suele tener un peso familiar importante, tradicionalmente ha sido ella la cuidadora, y cuando es ella la que sufre el cáncer de pulmón, todo puede cambiar”, señala la vicepresidenta de ICAPEM respecto a la actitud que los pacientes de cara a su enfermedad.