NOTICIAS DIARIAS

Tamaño del tumor, clave en cirugía de Schwannoma vestibular

La cirugía de Schwannoma puede provocar parálisis facial.
El tamaño del tumor es uno de los factores más predictivos de la parálisis facial tras una cirugía de Schwannoma.
Otorrinolaringología

El tamaño del tumor es uno de los factores predictivos de la parálisis facial tras una cirugía de Schwannoma vestibular. Así lo concluye un grupo de investigadores del Servicio de Otorrinolaringología y Cirugía Cervicofacial de la Universidad de Salamanca (USAL). Un estudio publicado en Revistas USAL ha profundizado en las causas que pueden provocar parálisis facial tras una intervención de este tipo.

La parálisis facial es una de las complicaciones que pueden aparecer tras una cirugía de Schwannoma vestibular. Los investigadores han llevado a cabo un estudio retrospectivo en 291 pacientes diagnosticados de este tumor entre 1995 y 2017. Los autores del estudio han tenido en cuenta los datos pre y postoperatorios de los pacientes. También han valorado los hallazgos radiológicos y quirúrgicos.

Los resultados del estudio muestran que un 44% de los pacientes grado I no presentan parálisis a los 7 días de la intervención. De los pacientes grado II un 6,8% tampoco presenta esta complicación. En el caso de los de grado III, IV, V y VI no presentan parálisis facial un 3,8%, 8,3%, 10,5% y 26,3%, respectivamente.

Con estos datos, los investigadores indican que las variables significativas que asocian a la parálisis facial son grados de tumor III-IV y cirugía retrosigmoidea. No obstante, aseguran que el factor más predictivo es el tamaño del tumor. El tipo de cirugía también es otro de los factores a tener en cuenta a la hora de predecir la parálisis facial tras la intervención, añaden.

Tal y como recuerdan los investigadores, el schwannoma vestibular es un tumor benigno que crece a partir de las células de Schwann. Son los tumores más frecuentes de las fosas craneales posteriores y son más comunes en el canal auditivo interno y ángulo pontocerebeloso. Su incidencia es de 1-2 por cada 100 000 habitantes al año. Suele afectar más a las personas de edad media y los primeros síntomas aparecen en torno a los 50 años.