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Tomografía computarizada de última generación a 4 momias en Madrid

Tomografía computarizada de una momia.
Momia guanche en el Hospital Quirónsalud. Raúl Tejedor.
Radiodiagnóstico. Medicina Nuclear

El Hospital Universitario Quirónsalud de Madrid ha recibido esta semana a un particular grupo de pacientes: 4 momias del Museo Arqueológico Nacional (MAN) que han sido escaneadas por un equipo de tomografía computarizada con el fin de recabar datos sobre su anatomía y conseguir así más información sobre su contexto histórico.

Un total de 11 personas (coordinadas por la conservadora Esther Pons y las responsables de Conservación y de Antigüedades Egipcias y Oriente Próximo del museo, Teresa Gómez y M. Carmen Pérez) participaron en el traslado, realizado siguiendo un estricto protocolo para garantizar las mejores condiciones de conservación de las momias.

Tomografía computarizada de última generación

Según ha explicado en una nota el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte de España, a partir de las 3 de la tarde del domingo, una vez cerrado el MAN, trasladaron los cuerpos hasta el hospital para realizarles una tomografía computarizada de última generación, que permite escanear y generar su representación volumétrica y tridimensional a partir de la adquisición de más de 2 000 imágenes transversales.

Los datos obtenidos serán analizados ahora por un equipo dirigido por el jefe del Servicio de Diagnóstico por la Imagen del hospital madrileño, Vicente Martínez. Los resultados del estudio formarán parte del documental La historia secreta de las momias, coproducido por RTVE y Story Producciones, que viajará al antiguo Egipto partiendo de la investigación iniciada estos días.

Reconstrucción tridimensional de la momia de Nespamedu. Quirónsalud

Reconstrucción tridimensional de la momia de Nespamedu.

Momias egipcias

De las momias escaneadas, 3 son egipcias. De ellas, 2 pertenecen al periodo ptolemaico (332 a. C. – 30 a. C.). La primera es de Nespamedu, sacerdote de Imhotep el Grande, y procede de la necrópolis de Saqqara (Menfis). Mide 160 centímetros de altura por 30 centímetros de ancho; los vendajes, cubiertos con un sudario de lino y plantillas decorativas, no dejan ver nada de su anatomía. En los 70 del siglo pasado se radiografió, permitiendo conocer el método de momificación y las enfermedades que padecía (artrosis y arteriosclerosis).

La segunda pertenece a una mujer de unos 65 años aproximadamente. Mide 156 centímetros de alto por 32 centímetros de ancho y está cubierta con un sudario de lino que cubre enteramente el vendaje. Según el estudio radiológico de los años 70, presenta dolencias propias de su edad, como arteriosclerosis, pérdida de piezas dentales, artritis y calcificaciones de cartílagos. Ocupa un sarcófago perteneciente a un personaje llamado Bak, fechado a finales del Imperio Nuevo o inicios del Tercer Período Intermedio.

La tercera momia egipcia es de una mujer de unos 25 años, de complexión débil, que vivió durante el Tercer Periodo Intermedio, entre las Dinastías XXIII y XXVI (está datada entre el 845 y el 664 antes de Cristo). Mide 159 centímetros de altura y 39 centímetros de ancho y está completamente vendada. Las radiografías mostraban una rotura a la altura de las rodillas y una especie de anillo entre el material de relleno en la duodécima vértebra dorsal.

Momia guanche

Por su parte, la última momia (en la imagen principal, de Raúl Tejedor) es guanche. Se encontró en 1776 en el Barranco de Herques, en Tenerife, y se envió al rey Carlos III para el Real Gabinete de Historia Natural por su excepcional estado de conservación. Es de un varón y mide 171 centímetros de altura y 36 centímetros de anchura. Hasta 2015 se exponía en el Museo Nacional de Antropología, desde donde se trasladó a las salas del MAN.

Es testimonio de uno de los rasgos más llamativos de la cultura prehispánica en las islas de Tenerife, Gran Canaria y La Palma, que momificaban a miembros destacados de la sociedad y los enterraban en tumbas colectivas en cuevas de difícil acceso. Según algunas crónicas, se extraían las vísceras y el cerebro del cuerpo para después lavarlo y untarlo con manteca, hierbas aromáticas y otras sustancias secantes. Después, se exponía al sol hasta que se secara para finalmente envolverlo en pieles de cabra u oveja superpuestas o en tejidos de junco de palma.